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Como bien define el término (y el titular de este artículo) la “carga mental” consiste en el peso que carga nuestra mente de forma continua, la “mochila” que llenamos y llevamos a cuestas al pensar en todo sin parar, intentando organizar la jornada de toda la familia y no dejarnos nada por hacer, ni en casa, ni en el trabajo, ni relacionado con los niños o con la pareja.



“Carga mental”, cada vez vas a oír y leer más sobre ella, y te interesa… porque puede que estés padeciéndola y ni siquiera lo sepas. Aquí te contamos qué es, quien la sufre y por qué, además de los síntomas que tiene para que puedas identificarla.

“No queda casi papel de cocina, mañana Juan tiene un cumpleaños y no hemos comprado el regalo. Paquito necesita deportivas nuevas. Mi amiga Marta quiere cenar el jueves, tengo el chat de madres del cole sin abrir y con 149 mensajes sin leer. No sé si puedo cenar el jueves, en realidad… ningún día de la semana. Mañana tengo una presentación importante, igual puedo acabarla en casa esta noche. No hay comida en la nevera, debería bajar a comprar. ¿Llamamos al chino? No, tiene mucha grasa para los niños. Imposible ir a natación, ni hoy ni mañana. Paquito sale del cole a las 5. Son las 4:45. Y no tengo vestido para la boda del sábado”.

La realidad es que en todas las afirmaciones anteriores no hay nada demasiado urgente, ¿no? Y vistas una por una, todas pueden solucionarse. El problema es la falta de tiempo, la falta de manos para “llegar a todo”, y la vorágine de pensamientos que se reproducen una y otra vez en nuestra cabeza, recordándonos todas las tareas pendientes, todos los asuntos inconclusos que, literalmente, nos picotean el cerebro.

Esto, cuando no tiene fin, es decir, cuando no encuentra resolución en ningún momento de la vida, genera mucho estrés e incluso consecuencias físicas. La “carga mental” no es ninguna tontería, es presión, tensión, y el cuerpo de cada uno reacciona distinto para darle salida a esta intranquilidad acumulada.

Definiendo la carga mental
Como decíamos, la carga mental es la mochila mental que cargamos. En ella van millones de pensamientos, referentes a la casa, al trabajo, a los niños, a la familia, a los amigos, y en definitiva a todos los micro universos que tenemos. Generalmente, estos pensamientos son “asuntos pendientes”, recordatorios de todo lo que hay que hacer, y que no hemos hecho. Aquí está la lista de la compra, nuestro estatus del trabajo, los deberes de los niños, la vida social (la de los niños, la de pareja, la del cónyuge y la nuestra propia), la vida privada… todas las cosas de la casa, los menús de desayuno, comida, merienda y cena. Nuestra mochila mental es el “cajón desastre” más grande que tenemos.

¿Y por qué tenemos esta carga mental?
Las personas, ya seamos hombres o mujeres, tenemos una orientación natural a resolver problemas y gestionar situaciones o espacios; en nuestra naturaleza está la capacidad (y el afán…) de organizar, planificar y tomar decisiones. La carga mental no es otra cosa que la ocupación en estas tareas.

Por qué pesa la carga mental
Porque todo es importante. Y porque no se comparte. La carga resulta excesiva cuando se lleva en soledad: “pesa demasiado” y empieza a dar problemas.

¿Y por qué no se comparte? Porque no se puede, porque no se quiere, porque no sirve de nada hacerlo… o, en la mayoría de los casos, porque ni siquiera hay conciencia de que existe.

Parte de esta carga mental es el trabajo invisible que permite que funcione con eficacia nuestra casa, y también nuestra familia. Para poder hacer este “trabajo invisible”, o incluso para delegarlo, lo primero es pensarlo (pensar a tiempo continuo ya es un esfuerzo de por sí…), ¿y qué pasa cuando pasas el testigo? Que si la otra persona no asume la importancia de lo que le pides que haga y no lo hace, la carga no disminuye, aumenta. Por eso cuando no se obtiene el apoyo necesario es más fácil hacer las cosas solo. Y eso también pesa. Todo pesa.

Por qué la sufre mayoritariamente la mujer
El fenómeno de la “carga mental” fue descrito por la socióloga Susan Walzer en 1996, en su estudio titulado “Thinking About The Baby”. Tras entrevistar a 23 parejas que habían tenido hijos en los 12 meses anteriores, deducía que son más las mujeres que asumen el peso de la educación del niño y el mantenimiento del ambiente doméstico en el plano mental, emocional e intelectual.

Esta es una situación que se deriva de una inercia social y cultural en la que las mujeres, tradicionalmente, se han hecho cargo de esas tareas. Además, ha sido un trabajo no nombrado, valorado ni reconocido como tal, porque se ha considerado de forma errónea que era parte de su “naturaleza”. Hoy sabemos que no es así y que no hay ninguna razón que justifique que las mujeres sigan asumiendo solas estas tareas.

En cuanto a la crianza, las necesidades del recién nacido durante los dos primeros años recaen principalmente en la madre por procesos hormonales, de apego, lactancia, etc., pero en cualquier caso lo que requiere un bebé o un niño pequeño es presencia física, por lo que la carga mental de esos cuidados y atenciones podría ser asumida perfectamente por ambos padres.

Sintomatología
Irritabilidad, fluctuaciones del estado de ánimo, tensión muscular, insomnio, dolores de cabeza, fatiga crónica o prolongada, problemas de espalda o cuello, problemas de digestión, perturbaciones en el sueño, alteraciones de la piel e incluso derrames oculares. Las formas que tiene cada sistema de dar salida a la ansiedad y la tristeza que conlleva este peso pueden ser muy variadas.

¿Y tiene solución? Claro: compartirla
La solución para la carga mental es compartirla, no “delegar”, ni “pedir ayuda”, sino sentar unas nuevas bases en la pareja, cambiando la organización del hogar para lograr una repartición equitativa de la responsabilidad. ¿Y esto cómo se consigue? Haciendo, por ejemplo, que cada uno sea el organizador de su propio sector: compra y menús vs. citas médicas, farmacia y sector salud. Así la carga mental que conlleva cada uno de los sectores se reparte, y por tanto, disminuye.

El tema es amplio, y esta conversación es larga. Seguimos en próximos capítulos, sobre el ser “Project Managers” de nuestra propia casa, la “niebla mental” que no es igual que la carga, y cómo decirle adiós a esta mochila tan pesada. ¿Qué te parece? Esperamos que si te identificas, estos contenidos sirvan para ayudarte, y que, si no te identificas porque en casa todo va bien, tal vez conozcas a alguien a quien puedan serle de ayuda. ¡Comparte! Vuelve a la sección de Carga Mental para seguir investigando sobre este fenómeno.

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